12 octubre 2006

Justicia poética

Ayer miércoles el bar se llenó de "artesanos" que venían de vender sus baratijas en la Plaza San Martín, donde se realizó un acto para recordar a los pueblos originarios de América al que, como todos los años, asistieron un montón de personas de sangre totalmente europea; paradojas de la vida que le dicen.
Como siempre fueron bastante molestos con sus pedidos de música y de rebaja en el precio de la cerveza, aunque siempre se encontraron con mi infranqueable NO.

Pero esa misma tarde, un par de horas antes de abrir el bar, uno de esos personajes que recorren la ciudad de punta a punta en sus moles de metal incumpliendo todas las normas de tránsito posibles, más conocidos como colectiveros, tuvo un acto por el que se convirtió en mi ídolo del día. Los colectiveros son siempre buena gente, yo conocía uno que fue colectivero, después bartender y ahora colectivero de nuevo, siempre se lo recuerda con nostalgia en el bar.

El caso es que me subo al E4 para ir desde mi casa hacia el bar y, más o menos a mitad de camino, intenta subir uno de estos "artesanos" cargado con una mochila enorme en la espalda, una algo más chica en una mano y una enorme bolsa en la otra, un poco más grande que un lavarropas de los viejos para que se den una idea.
Subió la mochila que tenía en la mano, subió él y... cuando intenta subir la bolsa se empieza a ir lenta pero inexorablemente hacia la vereda.
Cuando el tipo se encontraba más o menos a unos 45 grados de inclinación y la caída era inminente se sintió el pequeño soplido de la caja de cambios neumática del colectivo que indicaba que se había colocado la primera velocidad, señal inéquivoca de las intenciones del chofer.

El "artesano" se dió de espalda, con sus rastas, piojos, bolsa, mochilas y baratijas compradas en un mayorista contra la vereda y, antes que pudiera reincorporarse se escuchó al colectivero decir:

-Esperá el próximo-

Esbozó una sonrisa de autosatisfacción e hizo rugir los 210 CV de potencia del motor para partir raudamente, sin siquiera mirar por el espejo.

10 comentarios:

YAYA dijo...

Los colectiveros y los Bartenders son, al cabo, la misma cosa. Cómo no recordarlo con nostalgia al Bartender aquél.

Su blug cada día está mejor, sobre todo cuando escribe este tipo de historias, tan reconfortantes.

Blue woman dijo...

Hola Bartenker. Fabulosos y maravillosos tus escritos.¿Quiénes son los colectiveros? En mi país yo nunca he oído hablar de ellos.

Besitos.

La Maga dijo...

Pobres artesanos...cayeron en manos de los colectiveros que solamente usan oro 14 en sus manos.

ignatiusmismo dijo...

Y la gente aplaudiendo, qué bonito.

El Bartender dijo...

Sara: Los choferes de omnibus, buses, micros o como sea que le digan en su país. Personajes extraños si los hay.

La Maga: Con lo que ganan, los colectiveros usan oro 18 o, mejor aún, platino.

Ignatiusmismo: La gente no aplaudió, simplemente siguió con su indiferencia de costumbre

¿vivir? dijo...

Qué ortiva!!!! NO ES ASÏ, pobre chabón. Cada uno hace con su cuerpo lo que le canta en gana, rastas o usar trapos... no tienen por qué discriminar. Algún día la gente se va a preocupar un poco más por sígo misma y dejar de tener que buscarle los defectos a los demás. Todo sería mejor y un poco más productivo.

Esther dijo...

¡ Qué desconsiderado el chófer!
Al menos, se podría haber molestado en ver como estaba el otro, al fin y al cabo es una persona.

Besos.

Barman dijo...

hay demasiadas personas, demasiada gente, demasiadas situaciones, demasiados tipos de vestimentas y lenguajes.

La anecdota es graciosa y el chofer un cachondo, no hay porque mirar más alla.

Brindo por ella.

TT dijo...

Creo que entiendo. Acá aparecen cada tanto los "artesanos" con toda su mugre, bártulos y piojos a cuestas. Todo bien, son dueños de hacer su vida como se les cante, pero si ellos deciden no bañarse, se supone que me hace mejor persona olerlos sin quejarme? Si ellos van a andar con toda la casa a cuestas que busquen la forma de viajar, porque entre el olor y los bultos, no hay quien aguante. Al final todos tenemos que ser tolerantes, pero ellos hacen lo que quieren y enarbolando su bandera de "artesano" piensan que hay que darles todos los beneficios y cobrarles más barato. Porque hay una salvedad, los "artesanos" no son gente que vive de lo que sus propias manos hacen. Mi mamá fué artesana un tiempo, pero se tomaba el trabajo de bañarse y tomarlo como un trabajo más. Conozco otros como ella. Como también conozco de los entrecomillados, que son una mierda, piensan que se llevan el mundo por delante.

YAYA dijo...

Yo tomo de la jarra y pregunto. Hay fiesta aniversario del Bar este año? Qué día?